viernes, 28 de noviembre de 2014

Día 43

Y te contaré un breve cuento. De esos con final feliz, esos que no vienen a cuento, pero que me encanta contar.  Y el viento se llevará mis palabras como hojas finas de papel. Mis manos intentarán alcanzarte, pero la lluvia me distraerá. Miraré hacia arriba, el cielo gris me entristecerá. ¿Saldrá el arco iris? Miraré hacia abajo, mis pies mojados y fríos me recordarán .. me recordarán el cuento que te conté un día. Ese del niño con los pies descalzos. El repiquetear de la lluvia me hará volver. Juntaré mis talones, un, dos, tres.. no funciona.. sólo en los cuentos funciona. ¿Y si lo deseo con todas mis fuerzas? ¿Quizás no lo deseo lo suficiente? 
Y caminaré bajo la lluvia mientras te cuento el cuento, y me olvidaré del paraguas, el amarillo ¿Te acuerdas de ese paraguas? me gusta ese paraguas, la lluvia es menos triste. Escucharé como el sonido de la ciudad se vuelve mudo bajo la lluvia. ¿No me crees? Escucha... como suena la lluvia ¿La oyes? ya no hay nada más. Ni coches, ni gente, solo existe la lluvia y tú. Así, se convierte en algo especial, algo único que está al alcance de unos pocos. Unos pocos locos que juntan sus manos para coger el agua, intentando recuperar la lluvia perdida de las montañas y los valles. 
¿Me oyes? si... claro que me oyes, aunque tus ojos parecen estar en otra parte, mi voz ha llegado a tú corazón. ¿El cuento?



martes, 14 de octubre de 2014

Día 42

De repente el cielo se rompió en pedazos. Miles de cristales diminutos caian incesantemente agolpabandose en la tierra, amontonandose, llenando la llanura de montañas puntiagudas y brillantes. La brisa se convirtió en viento. Soplaba tan fuerte que los árboles tenían que arroparse unos a otros, algunos, no tuvieron más remedio que desnudarse, esperando que aquello, fuese suficiente para el egocentrismo de aquel viento. El frío apareció sin previo aviso y la oscuridad se apoderó del cielo azul. Y en medio de todo aquel caos, estaba ella. Intentaba refugiarse en algún lugar seguro, pero por más que miraba a su alrededor no encontraba nada. Corría a través de aquel bosque, entre parajes salvajes y desordenados. No habia camino, ni senda que seguir, era una aventura peligrosa. Ella, no estaba acostumbrada al peligro y su corazón palpitaba más rápido que de costumbre,  no sabía como reaccionar. Se dejaba llevar por su buen instinto, pero parecía que le habia abandonado.  ¿Derecha? ¿Izquierda? ¿Centro? Cada vez dudaba más, y cada vez estaba más perdida. La indecisión es mala compañera.... Sus pies aplastaban la tierra y mientras sus manos cortaban el viento,  su pelo se dejaba balancear por él.  "Un, dos, tres..., rápido...decidéte"
¿Dónde le llevaría el camino uno? parecía seguro, incluso creyó ver algún rayo de sol escondido, queriendo salir, ¿o era una ilusión..?
¿Y si seguía por el dos? Observa. Parecía algo más despejado, sí. La maleza no era tan caótica ni desorganizada, igual... era el camino. O no...dudas, dudas.
¿Y el tres? No debería elegir uno al azahar...
Tenía que meditar bien todas las posibilidades, intentar ser objetiva, tomar la decisión con la cabeza despejada y asumir las consecuencias si las hubiera. ¿Y el corazón..? ¿Y su instinto..? Objetiva, practica, ella no era así.
Perderse es fácil, siempre lo es.
¿Como decidirse por uno? ¿Cuál sería el correcto?¿Y si se adentraba por los tres? ¿Podría desandar lo andado? ¿O estaría en otro camino?
La tormenta parecía que iba a durar bastante, y allí seguía ella. Sus ojos se iban volviendo cada vez más tristes y más indecisos. Perdida, estaba perdida y no era capaz de decidir que camino seguir.
!Un, dos, tres, rápido..decidéte!

martes, 7 de octubre de 2014

Día 41

   Deslizó su mano hasta el interruptor de la luz y lo apagó. A oscuras, en penumbra  y bajo la inquietante soledad de la noche estaba más relajada que nunca. Se sentía como pez en el agua entre aquella quietud. Adoraba la noche, adoraba la soledad en la que se zambullía, aquella en la que solo estaba ella y sus pensamientos, nadie más. Era en ese momento cuando más segura se sentía, cuando no había nada que estropeara sus ilusiones. La noche era perfecta. No hacia frío, ni calor, la temperatura idónea para dejarse llevar a esos lugares a los que no había visitado aún, o, a imaginar un futuro echo a medida. ¿A soñar...? ¿Porqué no?
   Las ventanas estaban abiertas, y, el silencio total del exterior era una compañía extraordinaria. Por unos segundos se preguntó como una ciudad tan bulliciosa de día se convertía en un completo cementerio por la noche. Agradeció aquella calma, aquella tranquilidad absoluta. Asomó su cabeza en la ventana para respirar un poco de aire, cerrando los ojos y agudizando sus oidos, como intentando descubrir algún pequeño sonido que se le hubiera pasado desapercibido al estar dentro de la habitación. Nada. Ni siquiera los gatos maullaban, ningún bebé lloraba, ningún transeúnte despistado. Nada. Era como si todo el mundo hubiera desaparecido aquella noche. El único ruido que percibia era el de algunas hojas con las que la suave brisa jugueteaba de vez en cuando. Pensó en como en cuanto ameneciera irian comenzando los acostumbrados sonidos diarios. Las primeras pisadas sobre el frío asfalto gris... -Nunca le gustó el asfalto, ni su olor, ni su color. ¿Porqué las carreteras no podían ser por lo menos de color verde? ¿No sería más agradable la ciudad? -Los primeros motores en marcha desprendiendo gran cantidad de gases tóxicos-!Uff! Odiaba aquellos coches que dejaban toda una hilera de humo gris y axfisiante tras de si- Las primeras persianas que abrian sus puertas a la espera de clientela. Voces, gritos... El bullicio estaba próximo, faltaban pocas horas y dejó de pensar en todo aquello para disfrutar de su soledad y de una ciudad fantasma para ella sola. No siempre las noches eran tan calmadas, ni tan silenciosas, pero la ciudad le regaló justo lo que necesitaba, un pequeño respiro para recuperar fuerzas, para recuperar su alma, para recuperar su vida...

jueves, 14 de agosto de 2014

Día 40

 No llevaba trenzas, ni coletas. Ya no usaba sus muñecas de esbelta figura con ojos grandes y rasgados  para jugar con ellas. No saltaba a la comba, ni recitaba empalagosos poemas de amor una y otra vez incansablemente. Ya no gritaba "!Tú la llevas!", ya no se escapaba del colegio. No utilizaba faldas escocesas a cuadros con calcetines blancos hasta las rodillas y mocasines relucientes. Ya no esperaba que mañana se arreglase todo por arte de magia, ni pensaba que a una persona buena no le puediera ocurrir algo malo. Ya no merendaba pan con mantequilla de colores mientras paseaba por las calles del barrio. No cogía lagartijas con las manos, ni esperaba ansiosa la llegada de los reyes magos, ya no estrenaba nada nuevo el día de navidad, ni se atiborraba a turrón hasta la saciedad. Ya no creía en los cuentos de hadas, ni en que su principe azul la vendría a buscar. Ya no.... tantas cosas...

Pero de vez en cuando volvía a sentirse como una niña, con esa claridad de transparente inocencia y sinceridad. Y seguía mirando a las musarañas durante horas, y seguía correteando detrás de una mariposa y se emocionaba cuando una mariquita se posaba en su piel y callejeaba bajo las suaves tormentas de verano sintiendo como la lluvia la empapaba mientras sonreia. Todavía se ruborizaba bajo la mirada de un hombre que le gustaba. Aún disfrutaba de hundir sus pies en la arena de la playa y de bañarse desnuda a la luz de la luna. Y todavía se escondía bajo las sabanas cuando le aterrorizaba la noche con fantasmas y demonios pensando que así desaparecerían o no la verían. Canturreaba por las mañanas en la ducha canciones inventadas. Y aún creia en la magia..., la magia del momento, ese que si lo dejas pasar ya no vuelve y ya nada vuelve a ser igual. Todavía esperaba al hombre del resto de sus días, ese con el que mirarse a los ojos y envejecer dulcemente.Todavía tenía sueños por cumplir, pensamientos que compartir, cosas que decir, personas a las que querer... sobre todo y ante todo eso. TODAVÍA PODÍA AMAR.

viernes, 27 de junio de 2014

Día 39

Empezaba a mantener la calma... veía como sus ojos decian lo contrario, pero sabía que en cuanto pronunciase un par de palabras todo volvería a su cauce. Era sin más una de esas situaciones en las que quieres escapar pero tu cuerpo te desobedece marcando su posición. Alrededor sólo había una mesilla antigua con cierto encanto y dos copas de vino ya saboreadas. Miró hacia su izquierda dónde estaba la mesilla y pensó, pensó en como poder salir de aquel atolladero en el que se había metido. Volvió su mirada al frente, fijamente, hacia la mirada desafiante que estaba intentando descifrar desde hacía unos minutos. Sacó un par de cigarrillos ofreciendóle y encendiendóse uno de ellos. Exhalaba el humo justo en cada pensamiento, medio cerrando sus ojos, como si aquel humo fuese a darle las respuestas que tanto necesitaba.
El cigarrillo se acababa y no conseguía encontrar las palabras necesarias, la confusión en su mente se empezaba a notar de forma innegable. Intentó hacerse con algo más de tiempo y rellenó las dos copas vacias,  cada vez sentía como se le escapaba la situación, no conseguía deshacerse de toda aquella palabreria que no iba a ningún lado. Comenzó a hablar él. Ella bajo su mirada hacia la copa de vino que llevaba en la mano mientras le daba pequeños circulos haciendo que el vino se balancease. Pegó un sorbo y volvio a mirarle a los ojos mientras escuchaba atentamente aunque realmente su cabeza estaba en otro sitio. Se sentía culpable por no atender la conversación adecuadamente, pero le resultaba imposible. Observaba su boca mientras hablaba, y,  volvió a ausentarse por unos segundos. Ya no cabía duda, estaba claro.

 

Fin de la conversación
 
 
 

lunes, 9 de junio de 2014

Día 38

Cuando las palabras no son suficientes... cuando la muerte te aplasta con su injusticia... es cuando dejas de lado cualquier cosa banal... esas,  que a días parecen tan importantes ya no lo son, esas que te crean malestar o rabia... se vuelven tan pequeñas... nada parece importarte de la misma forma, nada se vuelve tan real como la vida en si. Y decides. Decides cambiar tu rumbo, cambiar tu pensamiento, cambiar tu destino para encontrar un sentido a todo, para encontar un sentido a la vida, a la muerte...Decides como has de vivir mañana, sin desperdiciar cada minuto que nos regala el universo ? Realmente no sabes como empezar, no tienes ni idea, te sientes perdido, aturdido, desorientado. Sólo hay algo que es inamovible y que indiscutiblemente sabes que hagas lo que hagas, ellos están y estarán a tu lado. Lo demás... todo gira, todo cambia, se transforma o se pierde. Es. Decides y vuelves a prometerte no volver a caer en la rutina del tiempo infinito, de no volver a dejar que la vida se escape de tus manos, de no volver a quejarte por cualquier tontería. Te prometes hasta de disfrutar de un mal día, de una época de mala suerte, de sacar jugo incluso de un mal momento y aprender a transformarlo riendote de ti mismo. Organizarte unos días, desorganizarte otros. Sacar la esencia a tantas cosas, a tantos momentos, decides y decides, te prometes y prometes que no sólo estás aquí para caminar sin más, que en el camino, que a cada paso vas a estar presente, absorviendo, disfrutando de tu alrededor para poder sentirte feliz.
 
"Solía caminar con la mirada casi siempre perdida. Alto, apuesto. Casi siempre iba vestido de negro, con porte decidido y rasgos a veces austeros. Quizás usaba su atuendo como coraza  para aullentar a los indeseados. Muy pocas personas conocían a fondo su corazón, pero aquellos que lo hicieron, supieron que, aunque podía parecer un hombre distante o incluso algunos dirian algo frío, él, era un hombre lleno de amor y un apasionado de la vida. No dejaba entrar en su mundo a cualquiera. Igual por eso, algunas personas les pudiera parecer introvertido, peculiar o diferente. Se reia de si mismo, tenía un humor especial, acorde con él y su forma de vivir. Nunca intentó cambiar el mundo porque pensaba que antes debía de cambiar uno mismo. Me enseñó que no todos aman o saben a amar de la misma forma pero que eso, no significaba que no amaran con la misma intensidad. Todavía recuerdo su único abrazo.  Disfrutaba con la música y era un cinefilo empedernido. Le encantaban las peliculas de los hermanos Marx y sobre todo, del humor satírico e irónico de Groucho Marx  y una de sus frases célebres, aquella de, "Disculpen que no me levante".
 
"Como desearía que estuvieras aquí..."