martes, 29 de mayo de 2012

Día 31

Cada noche le era más díficil dormir. Cada mañana,  más díficil despertar.  Sólo era cuestión de tiempo...pero, ¿De cuanto tiempo? Cada noche veía pasar su vida en imágenes. No había colores, todo era en blanco y negro. Aunque sus ojos estaban cerrados, sus pupilas se movian constantemente. Todos los momentos que por algún motivo o circunstancia,  se habían apoderado del protagonismo de su vida, se encontraban ahí. Una noche tras otra, se repetían incesantemente sin poder evitarlo. Ella,  quería que parase aquella absurda filmoteca sin sentido, pero su cerebro no la obedecía y tardaba horas en poder dormirse. Por las mañanas estaba desecha. Un día más, con una noche más...¿Qué película vería la  noche siguiente? Pensaba aliviada, que menos mal que casi siempre solían ser buenos momentos que había vivido. Pero luego, al dormirse, también llegaban las pesadillas. Cada noche, sus pesadillas abstractas llenas de terror y dolor la dejaban exhausta y el despertar era como una profunda resaca.
Nadie de su entorno parecía entenderla. !Tienes que luchar! !Tú eres fuerte! !No te rindas! Ella no entendía por qué  para los demás rendirse era algo malo, algo que no se debía hacer, algo que uno nunca, jamás, debe permitir. ¿Por qué? ¿Realmente todas las personas que la querían, pensaban que existe un infierno y que si te rindes te envían allí? Ninguna de ellas se encontraba en su piel, ninguna tenía el mínimo derecho a opinar lo que debía o no permitir. Pero tampoco podía culparles por querer retenerla junto a ellas. Era lógico, era duro saber que le quedaba poco tiempo, que cualquier mañana no despertaría y que jamás volverían a verla, ni poder abrazarla, ni besarla, era muy duro pensaba...y por eso, ella, les intentaba consolar con un día más a su lado.
La vida no es justa, nada justa en muchas ocasiones. La muerte, algo de lo que ninguno puede escapar. Sin embargo, para algunos es algo más condescendiente que para otros...
Y una noche, pese a los ruegos y deseos de sus seres queridos se rindió ante ella.

"Y escuché como venía el sonido del trueno, una de las cuatro bestias diciendo " Ven a ver" Y miré. Y contemplé un caballo blanco..."