martes, 22 de noviembre de 2011

Día 28

Y las huellas se borraron. Y los árboles se despojaron de sus débiles y tristes hojas. Y en los riachuelos cercanos se dibujaban caprichosas siluetas arrastrando pequeños objetos que encontraban a su paso. Y el sol desapareció bajo unas gigantescas nubes, tornando las calles de un lugubre color ceniza. Ceniza...¿Gris marengo..? Y los transeúntes decoraban esas mismas calles de colores fúnebres como si todos fuesen a un entierro. ¿Casualidad...? Y los parques se quedaron vacios. Y los columpios estaban llenos de hojas que habia posado el viento. Y el viento parecía no detenerse incrementando su furia llevándose lo que acontecía... ¿Acontecía, aconteció, acontece aún..? Y el ruido habitual sonaba diferente, las voces se ahogaban, el rugido de los coches se amortiguaba y los chásquidos se estrangulaban. Y cerré mis ojos para respirar profundamente, para llenar mis pulmones, para limpiar mi alma. Quizás si inspiraba muy hondo al espirar expulsaría todo lo que sobraba. Y me vestí para la ocasión, de negro por supuesto, de luto. Y deseché mi sonrisa, pues no convenia para aquella cita. Y mis labios se cerraron hermeticámente para no nombrar a nadie... Silencio...

domingo, 18 de septiembre de 2011

Día 27

Se acercaba la hora de las brujas, la luna estaba encapotada y ya hacía algo de fresco. Otra noche más a solas con sus pensamientos, otra noche más arropada sólo por las finas sabanas de su cama y la desolación de un cuarto vacío de cualquier otra presencia que no fuese ella. La brisa que entraba por la ventana envolvía las ligeras cortinas en ondulantes movimientos cada vez más fuertes, parecía que se acercaba una tormenta otoñal. Esas primeras tormentas le encantaban. La lluvia después de aquellos agobiantes días soleados era como poder volver a respirar. Por fin aparecía, esta vez pensaba que ya no aguantaba más ahogándose, pero todo llega, y la lluvia no iba a ser menos.
Mientras limpiaba su cutis antes de dormir observó su rostro durante unos segundos frente al espejo, "la edad no perdona" se dijo así misma y sin recrearse ni un segundo más se aclaró la cara evitando a aquel infame y cruel espejo mientras se secaba para que no le recordara lo que le acababa de mostrar. Se sentó al borde de su cama tratando de elegir cuál de los tres libros que tenía empezados le apetecía más, solía tener esa costumbre, no le gustaba tener que seguir con un tipo de lectura por el simple hecho de haberlo comenzado, su estado de ánimo es el que decidía que libro escoger. Barajó entre sus manos los tres libros pero aquella noche no se terminaba de convencer por ninguno de ellos. Ante la duda, optó por ir a por una copa de vino tinto, el sabor de su arrogante cuerpo la deleitaba antes de acostarse. Cuando regresó llevaba una enorme copa de cristal en la mano y un cigarro en la otra, un camisón muy corto de encaje negro con finos tirantes de raso que le ensalzaban sus hermosos y bronceados hombros. Ojeó de nuevo las portadas y los colocó de nuevo en la mesilla, prefería hundirse en sus propios pensamientos que involucrarse en historias ajenas a ella aquella noche. Se sentó estirando las piernas apoyándose en el cabecero de la cama e inevitablemente le vino la visión que acababa de ver en su espejo minutos antes. No era justo, ella se sentía igual que hace veinte años, sus mismas ilusiones, sus mismos sueños, sus mismos problemas, ¿Como podía pasar el tiempo tan rápido? ¿Qué había hecho con su vida? ¿Donde había estado aquellos veinte años? Le resultaba difícil de explicarse, no llegaba a entender como ella estaba allí pero su cuerpo estaba cambiando de forma vertiginosa. Intentaba analizar la situación, intentaba recordar cómo era ella hace veinte años, como sentía, como vivía, como lloraba, como reía. Realmente ya no era la misma, decididamente, por supuesto había evolucionado, pero en el fondo, en todo lo más importante seguía allí. Aquella jovencita, aquella niña, todavía estaba y se preguntó si dentró de otros veinte años le pasaría lo mismo encontrándose en una noche solitaria haciéndose las mismas preguntas...

"...Y mi tiempo corría desaforadamente..."

domingo, 21 de agosto de 2011

Día 26

Suele decirse que de los errores se aprende. Suele decirse que para levantarse y superarse, antes hay que caer primero. Que solo es cuestión de tiempo para curar tus heridas. Pero casi nadie suele contar la transición emocional por la que debes pasar mientras tanto...seguramente porque muchos no quieren demostrar lo vulnerables que son, o la angustia que han vivido en algún momento de su vida. Quizás algunas personas no quieren dejar ver su realidad y solo muestran su cara más afable, quizás alguien les dijo que no se puede decir toda la verdad sobre uno mismo porque si haces eso, pueden aprovecharse de tí y hacerte daño.
Ella conocía ya aquella angustia y sabía que todo su dolor desaparecería una mañana y que después solo sería un vago recuerdo. Siempre eligió amar con intensidad y mostrarse sin tapujos aún a sabiendas del riesgo que aquello conllevaba. No habia nada que esconder, ni que ocultar, ni juegos, ni extrategias de conquista, o la querian tal cual o se marchaba. Esa habia sido su único error tantas veces, esperar que la amaran tal cual porque eso significaba entregarse casi al cien por cien.
Con un libro bajo el brazo y su pequeño bolso, se dispuso a pasear un rato ella sola, sin necesidad de nada más ni de nadie más, para encontrarse de nuevo a si misma, porque cada vez que amaba a alguien se perdía y debía de renaudar otra vez su busqueda en su interior recuperando la mujer que era individualmente.
Las primeras nubes anunciando una suave tormenta le hicieron feliz, estaba cansada de los acusados días de sol, necesitaba esas primeras gotas de lluvía sobre su piel para limpiar el pasado, para cerrar otro capítulo más. Mientras andaba sin ningún camino trazado, encontró un banco bajo un árbol acadaulado de hojas verdes y se sentó, abrió su libro y comenzó a leer las primeras frases. La leve brisa otoñal dejaba caer algunas hojas a su alrededor, a veces las observaba, otras volvía a fijar sus ojos entre aquellas palabras impresas sobre el papel. Después de todo, pensó, es otra lección aprendida...

sábado, 16 de julio de 2011

Día 25

Tal vez la hora no era la correcta
tus labios intentaban nombrarme
tus ojos se perdían en la sombra
tus manos se escurrían por mi vientre

Tal vez la luna fue testigo
de mi voz ahogada en un abrazo
de mi pelo acariciando tu sien
de mi lágrimas sobre tu piel

Tal vez la mezcla de tu aroma,
a tierra mojada y a hierba fresca
me envolvieron de lujuria
y ensordecieron mi coherencia

Tal vez me arrojé a tus brazos
sin  pasar por el camino adecuado
sin mirar al cruzar por los lados
sin respirar,  el aire a fondo

Tal vez las aguas claras se decidan
a mostrarme su secreto de nuevo
a llevarme entre ellas como antaño
y de susurros me llenen y complazcan

Tal vez tus zapatos de charol
deslumbraron a la luna
y sin su luz me quedé ciega
y mis pasos se perdieron

Tal vez escondí mi rostro
entre caras desconocidas
para ocultar mi dolor
para escapar de las rutinas

Tal vez salí sin rumbo
por parajes lejanos sin destino
por escombros mundanos
por desobediencia a todo

Tal vez llegue un día
y mi sonrisa aparezca
como sacada de un cuento
y todo fue un mal sueño.

Tal vez si... Tal vez no...

sábado, 30 de abril de 2011

Día 24

Las horas pasan lentas.

Todo mi mundo se derrumba ya a mi alrededor, todo lo que fui o dejé de ser ya no importa.

Las horas pasan.

La casa está vacia. Una extraña habita en ella, no la reconozco, no sé quien es, ni que quiere, ni adonde va.

Las horas pasan lentas.

¿Qué más me da? Me levanto unos segundos, recorro la casa intentando encontrar algo que pueda reconocer, pero no hay nada. No llevo parte de mi pasado encima, me despojé de todo sin importarme las consecuencias.

Las horas pasan.

Los fantasmas se acercan para recordarme una y otra vez lo que pudo haber sido y no fue. ¿ Lo intenté todo? No...todo nunca es suficiente, siempre hay un más al todo.

Las horas pasan.

Mi voz se ahoga en el silencio. Las palabras enmudecen mi alma, palabras mudas que no saben salir a la luz para decir todo lo que necesito decir. Palabras, palabras.. !Basta ya de palabras! No quiero hablar más, no quiero seguir hablando a la nada, no hay nada ya de que hablar.

Las horas pasan.

!Quiero ser una niña de nuevo! Todo era más fácil. Sencillo. Divertido. Ellos siempre estaban ahí, cuando lloraba, cuando los necesitaba. Ahora debo comportarme como una adulta y no llorar en su regazo. Debo ser fuerte a la fuerza, no mostrar debilidad. Sé que ellos estan y estarán siempre cuando los necesite, pero no debo, no debo...¿O sí?

Las horas pasan.

Se acercan rostros, algunos me ofrecen su mano, otros, claramente su interés. La duda me invade ¿Sola o acompañada?

Las horas pasan.

Decepción + Fracaso = Caos.
Caos > Amor
Nunca se me dieron bien las matemáticas.

Las horas pasan lentas.

Necesito no pensar más. Esa soy yo en el rincón.

"Losing my religion..."


miércoles, 27 de abril de 2011

Día 23

El tren llegaba puntual a la estación. Su silbido avisaba de su visibilidad tras la última curva, para parar unos minutos en el andén antes de volver a retomar su recorrido por las angostas y ancestrales vías metálicas. Varios transeúntes esperaban. Otros llegaban. El enorme y gigantesco reloj engarzado en un techo similar al de cualquier factoría llena de vigas pesadas y acero, marcaba las doce y cuarto. ¿Cuántas personas pasaban por allí diariamente? ¿Cuántos encuentros o desencuentros se habrán vivido en este mismo momento, en este mismo lugar y a esta misma hora anteriormente?
Me adelanté un paso. Vi a un niño de unos ocho años con cara de travieso, naricilla chata y ojos picaruelos junto a su madre, tirándole de las faldas y gritando "!Ya llega mami, ya llega!" Impaciente, la madre cogía al pequeño de la mano retirándose un poco del andén. Se le notaba un poco agobiada intentando recoger todo el equipaje y asegurandose de que aquella diminuta mano no se le soltara ni un momento antes de que el tren parase del todo. Unas greñas sueltas de su cabello recogido ocultaban parte de su rostro, pero no tenía suficientes manos para retirárselas y esperaba con aplomo su momento para poder hacerlo, mientras, pequeños bufidos aliviaban su rostro por segundos de aquellas molestas e inoportunas greñas.
Un abuelo liaba pacientemente un pitillo. Llevaba una mustia boina negra, una camisa a rayas medio remangada que entre dejaba ver su castigada y maltratada piel. Unas espardeñas con el dedo pequeño del pie fuera y unos pantalones que sujetaba con un viejo cinturón. No parecía inmutado por la llegada del tren, él seguía en sus quehaceres. Había estado ordenando sus bultos estratégicamente encima del banco donde estaba sentado, a su lado, arrimándolos hacia él sutilmente. Su rostro desprendía veteranía. Ya no tenía que demostrar nada a nadie, ni siquiera a si mismo. Cuando levantó un momento sus ojos y me miró, imaginé al abuelo que nunca conocí. Sus tristes ojos al principio, retomaron vida cuando los observé más detenidamente, y me mostraron una vida intensa y llena de experiencias.
Los diferentes rostros a mi alrededor, se recreaban en mi mente para contarme sus historias, y de entre todas, me quedé con la del muchacho que con voz tierna y temblorosa me contaba una bella historia de amor. Él quería volver a encontrarse con su amada, pero sabía que ya había pasado su momento, que aquello tan bello que tuvo junto a ella ya no podría volver a sentirlo aunque fuera a su encuentro. Sabía que ya nunca sería lo mismo y prefería quedarse con el recuerdo de algo tan especial que intentar revivir el pasado y fracasar. Él me contó, que junto a ella vivió los momentos más felices de su vida, que siempre la recordaría, pero que tenía que seguir hacia adelante, que era lo mejor para los dos. Me dijo, que muchas veces, hay que saber renunciar a un amor por amor, y que nunca, jamás la olvidaría aunque su camino fuera otro. Y allí, de pie, al borde de aquel andén esperando ver aparecer el tren tras la suntuosa curva, me pidió una cosa...

"...Dale recuerdos de mi parte a una chica que vive allí, en otro tiempo ella fue mi verdadero amor."


miércoles, 16 de marzo de 2011

Día 22

La noche llenaba de soledad su cama y decidió salir a pasear un rato. Hacía una estupenda noche, casi veraniega y nada más respirar el aire al salir de su puerta se sintió viva de nuevo. Ataviada con un ligero vestido rojo y una fina chaqueta comenzó a andar por su barrio. Sin saber casi como, acabó en un pub que estaba cerca de la barriada. El humo nada más entrar y las luces de color ambar la trasladaron junto con la música que sonaba a otro espacio, fuera de ella, tal como necesitaba.  Absorta en su ensimismado viaje extracorporal, no se había percatado del chico que se acercaba hacia ella hasta que le saludó, bajándola estrepitosamente de su excursión particular. Parecía un chico agradable para conversar un rato, educado, ameno y atractivo, así que decidió darle la atención que creyó se merecía, intentando descender de aquellas nubes en las que hasta hacía unos breves minutos se encontraba tan abstraída. Conforme pasaban las horas, pensó que realmente si tuviese unos años más sería un hombre perfecto para ella. Quizás debería haber nacido unos años antes o él unos años después y el destino les jugó una mala pasada...Mientras procuraba seguir la conversación,  su cabeza no dejaba de pensar además en otros asuntos. ¿Qué estaba haciendo allí charlando con un completo desconocido en vez de estar con el hombre del que estaba enamorada? ¿Debería volver a rendirse a sus pies como tantas otras veces y decirle que lo que realmente siempre había querido era seguir con él? ¿Declararle que su huída era sólo para que por una vez fuese él el que se rindiera a sus pies? ¿Qué necesitaba sentirse alguna vez adorada y necesitada? ¿Qué estaba harta de sentirse un trapo al que coger cuando él lo requería? ¿Por qué no había vuelto a por ella? ¿Por qué simplemente se conformó sin más? Se respondió así misma, pensando en que él nunca la había amado lo suficiente para tal fin. Realmente no tenía nada más que hacer con aquel asunto, nada...
Decidió cerrar una de las tantas puertas que tenía abiertas todavía, tomó sin pensar en aquel momento aquella decisión, como si la espontaneidad de aquella decisión fuese la solución que el destino ponía en su camino. Estaba decidida, una oportunidad y se iria con aquel chico. ¿Por qué no?
Cuando despertó en aquel desconocido cuarto, en una cama extraña y con aquel ánonimo chico a su lado, supo inmediatamente que jamás volvería a hacer algo así. El vacío que sintió al no ser la persona a la que quería ver a su lado la dejó apabullada y confundida. Se vistió sigilosamente y salió sin despedirse. Míró por unos segundos antes de irse a aquel chaval mientras dormía y se preguntó si hubiera sentido la misma sensación de no tener su corazón ocupado...
Al salir a la calle, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. La humedad del ambiente le calaba tras la chaqueta, eran las siete, no había llovido pero el suelo estaba mojado.


Ya aparecen los fantasmas, ya hace tiempo que quisiera estar contigo...

martes, 22 de febrero de 2011

Día 21

Los colores pastel asomaban por todas partes. Estando ya en estado avanzado, pintó un mural en la habitación azul celeste con nubes de algodón, estrellas, una luna, y un pequeño buho un poco desgarbado pero realmente gracioso, un oso y un enorme sol con una amplia sonrisa y largos rayos para que iluminasen su vida. Quiso que todo fuese lo más hermoso posible, quiso que todo fuese perfecto. Su llegada fue muy deseada por todos, pero especialmente para ella...
Sentada en una mecedora, mirando el cielo a través de la ventana, pensó en que nada ni nadie podría quitarle aquel momento. El verano asomaba ya por los amplios ventanales, el suave y ligero tejido de la blanca cortina bambuleaba de un lado a otro acompañando a la brisa de aquel atardecer y sus cabellos se elevaban tímidamente refrescando su nuca. Miró con inmensa ternura el precioso tesoro que tenía en su regazo. Mientras la criatura amamantaba de su pecho, sus inmensos ojos se abrían de vez en cuando mirando fijamente a su madre, sus pequeñas y tiernas manitas se posaban sobre su pecho agarrandolo con ansía. Por los pequeños bordes de sus comisuras rebosaba el alimento que su madre le proporcionaba, sin pausa pero sin prisa no dejaba de mamar. De vez en cuando, soltaba una de sus manitas del pecho y cogía con fuerza el dedo indice de su madre que utilizaba para presionar su pecho y que la niña respirara mucho mejor.
No podía creer todavía que aquella bendición estuviera entre sus brazos. Era una experiencia única y hermosa, sabía que jamás se iba a romper esa unión, sabía que aunque la niña creciera como ella lo hizo siempre habría algo especial que las uniera profundamente y eso la hizo extremecer. Se imaginaba a su niña de mayor, a su niña viviendo la misma experiencia que estaba viviendo. Pensó que ójalá en ese futuro y en ese momento sea capaz de sentir la felicidad que ella estaba sintiendo.  Por que sabía muy bien que de toda su vida y de todo lo mejor de ella, pasado y futuro, sin ninguna duda alguna , aquella niña, aquel tesoro era lo que más feliz le había hecho y le iba a hacer. Nada en el mundo podría compararse con aquella tarde veraniega y quiso congelar aquel instante para reservarlo en los años venideros para recordar con claridad aquellos sentimientos tan indescriptibles, porque la dicha era tan plena, que su corazón se desbordaba de enormes sensaciones imposibles de descifrar.
La niña cerró sus ojitos durmiendose, con el balanceo de la mecedora y su madre entonando una suave melodía....

"...Me han bendecido. Y por gracia de ellos te miro y escucho cien violines llorar, y cien ballenas blancas volar. Y es que no hay nada más bonito, que cuando ella cree. Cuando ella cree, en mí. Oh, en mí..."



domingo, 20 de febrero de 2011

Día 20

Los días pasaban tranquilos y serenos. Sentía una paz interior anhelada desde hacía mucho tiempo, estaba feliz. Por fín conseguía verse así misma, sin escondrijos, sin sobresaltos, sin altibajos. Sin embargo, al cabo de unas semanas esa paz dió paso a un sentimiento que anteriormente había hecho huella en su desastroso corazón. Contrariamente a lo esperado al principio de notar aquella presencia, su recuerdo era tierno, dulce e indoloro. ¿Sería esta vez distinto? Deseaba con todas sus fuerzas que asi fuera. Curiosamente nunca había vivido esa clase de amor de aguas tranquilas y serenas. Hasta entonces, sus sentimientos siempre habían atravesado por peligrosos torbellinos de pasiones que la llevaban constantemente a la deriva. ¿Estaría madurando emocionalmente? ¿O simplemente era la persona adecuada para complementar su descabellado y alocado corazón? Todo aquel remanso de paz le hizo comprender tantas cosas sobre ella misma que hasta entonces no entendía... ¿Debía de estar al borde del abismo siempre para amar? El aprendizaje era tan intenso como todas las emociones que estaba viviendo. Todo estaba permitido mientras se sintiese bien, todo estaba incluido mientras fuese feliz, todo estaba demostrado mientras ella lo quisiera. Solo hacía falta que él lo supiera. Necesitaba contarle lo perdida que había estado todo este tiempo intentando vivir algo que realmente no le hacía feliz, quizás por eso no funcionó en su momento, ese sobreesfuerzo desbordandose totalmente de sí misma, esa manera de querer engullir la vida a grandes bocanadas en vez de sorber los matices sin prisa.
La distancia, el tiempo y la calma comenzaron a retomar toda la fuerza y determinación para saber lo que quería, e indiscutiblemente sabía como y con quién quería seguir su camino. Un camino malogrado por obstáculos puestos hasta entonces incluso por ella misma. Era consciente de que no sólo ella era la culpable de aquellos pésimos resultados en todas sus relaciones, tenía claro que no sólo dependía de su decisión y de aquel repentino esclarecimiento pasional. Pero sin saber por qué, confiaba, confiaba en él y en que cuando estuviese al corriente de todo, volvería junto a ella.

Había vuelto a casa, y en su casa estaba él...

"Ven conmigo... en la noche. Ven conmigo... y te escribiré una canción.."


miércoles, 26 de enero de 2011

Día 19

Una suave brisa de primavera acariciaba su piel. El aire jugueteaba con los rizos de su cabello desenroscándolos dócilmente mientras ella dejaba fluir su mente más allá de la realidad. No podía consentir que aquel paisaje tan hermoso que deleitaban su vista se le pasara sin más, necesitaba formar parte de él y decidió parar por un momento su discreto descapotable al borde de la carretera. Desde que era niña no habia vuelto a ver un campo de amapolas tan extenso como aquel, le parecia increible que después de más de veinte años aquella pradera siguiese igual que siempre, las mismas amapolas, los dos mismos árboles centenarios a los extremos y una pequeña muralla cerrando aquel poema floral. El asfalto de la ciudad aparecía impetuoso y poderoso frente a la armonía de antaño, esa, era la única diferencia que encontró. Sin embargo allí lo halló totalmente distinto, no le resultaba tan austero ni frío como en la ciudad, era un signo de poder con una sutileza que jamás habia imaginado.
Los frágiles pétalos de las amapolas se mecian al compás del viento como si cantasen una exquisita y tierna melodía. Se sentó encima de aquel pequeño muro de piedras grisáceas e intentó dejar su mente completamente en blanco para sentir todo el potencial de sensaciones que la naturaleza le estaba ofreciendo sin interrupciones. Sólo unos minutos, tán solo unos minutos sin nada más en su cabeza que el murmullo del aire en sus oidos. Aspiró profundamente, intentando adivinar como si fuese un juego los distintos matices aromáticos campestres. Al ladear su cabeza hacia un lado creyó adivinar flores de lavanda, en otra dirección tiernos anisetes, incluso pensó adivinar en la cercanía algún pequeño afluente de agua cristalina y fresca.
Quedaban tan solo unos minutos para pasar un pequeño valle y que apareciera su pequeño pueblo donde en tantas ocasiones habia vivido los veranos de su infancia. Ahora que se encontraba allí se preguntaba porque hacia tantos años que no habia visitado aquel paraje. Aquel viaje hacia el pasado era lo que quizás necesitaba para cerrar su historia y volver a empezar una vida nueva. Ultimar las heridas y cerrar cicatrices en el sitio donde más feliz habia sido le resultó lo más acertado y en aquel momento, entre amapolas, viento y sol se dio cuenta de que definitivamente habia dado con la llave adecuada que conseguiría sellar una puerta demasiado dolorosa y abrir otra que la llevara hacia algo completamente nuevo y diferente...

"Hasta que finalmente morí, lo que hizo que todo el mundo comenzara a vivir.

oh, si tan solo, me hubiera dado cuenta que la broma me la hacía yo"

P.D.: Estas lineas están dedicadas a Silvia y a Jorge. Ellos saben... Besos!

martes, 18 de enero de 2011

Día 18

La vista hacia atrás se le hacia enormemente asfixiante. Los cambios constantes en su vida sentimental estaban afectando a todo su entorno y consecuentemente a su personalidad. Deseaba trasladarse  en algún momento feliz de su trayectoria, aparcarse allí para recuperar fuerzas y así poder volver a sentirse segura y capaz de todo de nuevo. !Como echaba de menos aquella sensación de auténtica fuerza arrolladora!  Pensó que la mejor manera de recuperarse a si misma era trazándose un plan, lo primero que le vino a la mente fue trazarse un planing de proyectos y metas a conseguir. Ciertamente, no debían de ser difíciles para comenzar, debería ir poco a poco subiendo el nivel de dificultad una vez conseguidos los más fáciles. Pequeñas dosis de conquistas y logros era lo que necesitaba para volver a creer en ella. Demasiado tiempo perdida, demasiado tiempo flotando por mundos inalcanzables, demasiado tiempo con el corazón roto, demasiado... Era el momento idóneo para poner el punto final a toda esta amargura generada por un cúmulo de circunstancias personales.
Pensar en proyectos, decisiones o metas a elegir sabiendo que era capaz de conseguir superarlas o ganarlas le resultó bastante complicado. Se conocía perfectamente, sus limitaciones, sus capacidades, y aunque muchas veces en alguna ocasión se había sorprendido de su respuesta frente a ciertas situaciones o compromisos... no era lo más habitual en ella y lo sabia. No podía correr el riesgo de fracasar en alguno de sus propósitos, si no, estaría perdida de nuevo en un circulo sin salida.
Necesitaba vaciarse de toda la negatividad que la acompañaba habitualmente, deshacerse de hábitos incómodos, librarse de la pena que constantemente vivía, escaparse del pasado y poder mirar un futuro con esperanza. Había perdido la ilusión en su futuro, y ahora comprendía que aquello le estaba afectando muchísimo, perder la esperanza en su futuro era perderse completamente. Nunca se había sentido tan perdida y frustrada como en ese momento y ya era hora de cambiar y girar su rumbo los grados que hicieran falta para lograrlo. Un día más en las tinieblas y todo sería distinto, solo un día más...

"'Thank you goodnight, now it's time to go home...