Mientras la ciudad duerme
engullo miedos y temores
rezo plegarias a la nada
SILENCIO
Asomo mi cabeza a la ventana
aspiro los aromas de la noche
busco en la penumbra a la luna
GRITO
Hermosa y solitaria luna menguante
sin una estrella que la acompañe
ocultas ante las miradas
LLORO
Abstraída fijamente la contemplo
pensamientos absurdos ocupan mi mente
de un lado a otro como siempre
ESTÚPIDA
Unos zapatos sobre el asfalto
despiertan mi curiosidad
¿A dónde irá?
RARO
Las luces colorean la oscura noche
un tenue color anaranjado la viste
mis ojos empiezan a cerrarse
PAZ
Un bebé llora sin consuelo
rompiendo el absoluto silencio
intento dormir de nuevo
AÑORO
Mientras la ciudad duerme
elevo mis pensamientos
un pedazo de mí, muere
Mientras la ciudad duerme...
viernes, 13 de julio de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
Día 31
Cada noche le era más difícil dormir. Cada mañana, más difícil despertar. Sólo era cuestión de tiempo...pero, ¿De cuanto tiempo? Cada noche veía pasar su vida en imágenes. No había colores, todo era en blanco y negro. Aunque sus ojos estaban cerrados, sus pupilas se movían constantemente. Todos los momentos que por algún motivo o circunstancia, se habían apoderado del protagonismo de su vida, se encontraban ahí. Una noche tras otra, se repetían incesantemente sin poder evitarlo. Ella, quería que parase aquella absurda filmoteca sin sentido, pero su cerebro no la obedecía y tardaba horas en poder dormirse. Por las mañanas estaba desecha. Un día más, con una noche más...¿Qué película vería la noche siguiente? Pensaba aliviada, que menos mal que casi siempre solían ser buenos momentos que había vivido. Pero luego, al dormirse, también llegaban las pesadillas. Cada noche, sus pesadillas abstractas llenas de terror y dolor la dejaban exhausta y el despertar era como una profunda resaca.
Nadie de su entorno parecía entenderla. !Tienes que luchar! !Tú eres fuerte! !No te rindas! Ella no entendía por qué para los demás rendirse era algo malo, algo que no se debía hacer, algo que uno nunca, jamás, debe permitir. ¿Por qué? ¿Realmente todas las personas que la querían, pensaban que existe un infierno y que si te rindes te envían allí? Ninguna de ellas se encontraba en su piel, ninguna tenía el mínimo derecho a opinar lo que debía o no permitir. Pero tampoco podía culparles por querer retenerla junto a ellas. Era lógico, era duro saber que le quedaba poco tiempo, que cualquier mañana no despertaría y que jamás volverían a verla, ni poder abrazarla, ni besarle, era muy duro pensaba...y por eso, ella, les intentaba consolar con un día más a su lado.
La vida no es justa, nada justa en muchas ocasiones. La muerte, algo de lo que ninguno puede escapar. Sin embargo, para algunos es algo más condescendiente que para otros...
Y una noche, pese a los ruegos y deseos de sus seres queridos se rindió ante ella.
"Y escuché como venía el sonido del trueno, una de las cuatro bestias diciendo " Ven a ver" Y miré. Y contemplé un caballo blanco..."
lunes, 23 de abril de 2012
Día 30
Hoy día 30 en este ¿diario? 30 días sin verle. Día 30, fecha de aniversario. Demasiadas coincidencias. ¿Debería hablar de él? Momento de reflexión. Dudo al teclear cuando pienso en él. Miedo a hablar, miedo a contar. Demasiado dolor, demasiado reciente. Aprendo, titubeo, sueño, espero, anhelo, deseo. ¿Ya no hay trato...? Descontrolada situación. Tomo las riendas y me derrumbo. Mi corazón no quiere esta decisión, no es mi final feliz. No es lo que quería, no es lo que necesitaba. Asumo conscientemente que amar por los dos no es suficiente, pero duele. Siempre duele. Vuelvo a ese color del que tantas veces he escapado, ese que me recuerda quién soy y como soy. Nada que hacer, por más vueltas que me dé a mi misma, al final, acabo ahí. En ese color abstracto y raro que me envuelve de nuevo para decirme quién soy me guste o no. ¿Y él? Volatil color que me inspira, me inunda, me salva, me hunde, me fortalece, me agota, me... y me.. una y otra vez pero siempre me... ¿Hasta cuando siempre me...?
Todo pasa, todo queda en cenizas, todo se esfuma. El dolor, el amor. Pasa. Yo sé que todo pasa ¿Pero quiero? Días que sí, que la libertad me eleva a otros colores más brillantes. Días que no, que el amor se apodera de la razón aunque sea un color abastracto y raro.
Día 30....
Di, ¿qué ves?. Dime, ¿qué ves? .. ¿si hay algo?
domingo, 12 de febrero de 2012
Día 29
La gélida noche enrojecía la punta de mi nariz. Los ojos llorosos por el tremendo frío me recordaban que aún estaba viva y que era capaz de llorar. Resultaba extraña y rara esa sensación de no llorar por motivo alguno, sino sencillamente por las circunstancias atmosféricas. No recordaba haber tenido anteriormente un motivo igual por el que llorar sin poder controlarlo. Miles y miles de veces mis ojos habían desprendido millones de lagrimas si, ¿Quién no? Un mal día, un desengaño, una frustración, un amor imposible… había tenido a lo largo de mi vida como todos, alguna situación así. No era diferente a los demás. Casi todos crecemos y vivimos con la esperanza y la ilusión de ser distintos, ser distintos a nuestros padres, ser distintos a nuestros amigos, ser distintos a nuestros vecinos, ser distintos.. Y sin embargo con el tiempo te das cuenta de que hay cosas que no puedes cambiar y que siempre por mucho que lo intentes eres enormemente igual a todos los demás. Y ahí me encontraba yo, en medio de una noche austera y fría paseando sin rumbo, sin pensar donde debía ir, simplemente andando. Era algo gratificante. Pese a la baja temperatura, no tenía la menor sensación de helor, mi cuerpo estaba caliente, iba muy abrigada y el paseo me mantenía en calor. Sin saber cómo, llegué a un enorme parque. Estaba bastante descuidado. Los arbustos tenían formas desiguales, creciendo y manifestándose a su libre albedrío. Los caminos llenos de hoyos con matorrales por los bordes y la mayoría de árboles parecía que hubiesen padecido una hambruna generalizada. Era algo desolador y al mismo tiempo mágico. La ley de la supervivencia, algo triste y en numerosas ocasiones cruel, pero real. Aquello era tan real… se notaba que hacía tiempo que la mano del hombre no pasaba por aquel parque, por lo menos para su cuidado. Lo curioso es que realmente al igual que me entristecía ver un parque abandonado por la atención del hombre, también me abordaban un montón de sentimientos agradables, pero el más importante que sentí fue el de la libertad. Libertad de crecer a tu antojo, para crecer caprichosamente sin condiciones, sin recortes, sin manipulaciones externas. Para poder elevar sus ramas hacia lo más alto intentando tocar levemente a la luna clara y precisa que aquella noche brillaba esplendorosamente. Y me senté al borde de uno de aquellos escuálidos y rugosos árboles, observando como una de sus ramas, la más alta, desde mi visión, parecía que tocase a la luna, y pensé “tú lo has conseguido, has llegado hasta ella y supongo que ahora serás feliz pese a tu viejo y débil aspecto”
Seguí embelesada mirando aquella rama, imaginando que era mi brazo y que mi dedo índice casi, casi, alcanzaba a tocar solo por un pequeño momento la luna. Y me sentí feliz. Pensé en lo fácil que puede uno ser feliz si así lo desea, con pequeñas cosas, pequeños detalles, pequeños momentos que continuamente se nos pasan intentando conseguir logros mucho más importantes. ¿Importantes? ¿No deberíamos considerar las cosas importantes de nuestra vida lo que realmente nos hace felices? ¿Porqué malgastamos tanto tiempo y tanta energía en cosas absurdas que creemos que nos van a dar la felicidad y para conseguirlas perdemos nuestra esencia y en ocasiones dejamos de vivir? A veces nos llega esta sabiduría y el apego a la vida demasiado tarde, por no decir casi siempre. Todos hemos oído decir a nuestros mayores en algún momento “disfruta de la vida que un día te despiertas y ya es tarde”. Todos lo sabemos y sin embargo nadie se baja del tren, todos seguimos a ritmos frenéticos intentando conseguir cosas y más cosas para ser felices. Aquella noche me preguntaba ¿Por qué no me bajo del tren? ¿Por qué no me paro a pensar que es lo que necesito para ser feliz? ¿Por qué sigo subida en un vagón sin sentido para mí? ¿Por miedo a lo desconocido? ¿Qué podía perder si me bajaba del rumbo preestablecido? Pensé durante unos minutos detenidamente, intentando contestarme a mi misma lo más fiel y lo más coherente posible. ¿Perdería a mi familia? No. ¿Perdería a mis amigos? Tampoco. ¿Perdería el amor de las personas a las que quiero? No. ¿Entonces? ¿Qué narices estaba haciendo si teniendo la felicidad en la punta de mis dedos la dejaba pasar de largo por seguir manteniendo el recorrido que supuestamente es el correcto? Como dice una frase célebre, solo se vive una vez. ¿Por qué la malgastamos? Tenemos el privilegio que otros no tienen de elegir. Para cada uno la felicidad puede ser distinta y muy diferente, para algunos sería conseguir algún sueño que persiguen desde niños, para otros unas vacaciones soñadas, algunos son felices mientras tienen cerca a sus seres queridos. Seguramente todos encontramos la felicidad en una mezcla de cada situación, unos días necesitas conseguir ese sueño imposible, otro necesitas hacer un viaje y por supuesto la mayoría de veces compartir todo eso con las personas que quieres. La felicidad puede ser un minuto, o una hora o un mes, nunca es constante pero debemos aprender a saber lo que nos hace feliz e intentar cogerlo con la punta de nuestros dedos manteniéndola el mayor tiempo posible, porque nunca sabemos cuando la vamos a volver a encontrar. A veces, la pierdes sin saber porque durante mucho tiempo y no consigues disfrutar de nada a tu alrededor, nada de lo que te hacía feliz anteriormente consigue cambiar tu estado de ánimo. No consigues sonreír cuando ves a un niño, ni te alegras por que ha ganado tu equipo favorito, ni lloras al oír una canción, ni los días soleados te parecen hermosos, solo son un día más, un partido más, una canción más, un niño más. Todo se vuelve insípido, insulso y la vida es un juego absurdo en el que no sabes cómo has llegado a él. Cada día estás esperando que ocurra un milagro y que de repente vuelva algo que perdiste por el camino y todavía no tienes claro que es, simplemente sabes que lo has perdido, que necesitas recuperarlo para volver a ser de nuevo el mismo. Y mientras, pasan los meses y sigues metido en un vagón que piensas que no te corresponde, que no es tu destino, que quizás mañana será tú día, ese en el que todo cambiará de nuevo y hará sentirte feliz como antes.
Aquella noche decidí no seguir esperando mi milagro, decidí apearme de aquel vagón que no tenía sentido para mí, decidí no solo observar el mundo sino también vivirlo. Me propuse salir al encuentro de mi destino.
Miré de nuevo a la luna y la encontré más hermosa que nunca, intenté retener su imagen perfecta en mi memoria para jamás olvidarla y así recordarla en los días que necesitara esa porción de felicidad. Me dirigí hacia casa con un sentimiento renovado en mi interior, realmente aquel parque era mágico, me había devuelto la esperanza de nuevo, la esperanza de aprender a vivir.
Cuando llegué a casa mis hijos estaban dormidos, les di un beso despacio para no despertarlos, les di otro beso de buenas noches a los que estaban lejos de mí pero nunca ausentes. Y pensé, felicidad he venido a buscarte. Aquella noche me sentí feliz muy feliz.
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martes, 22 de noviembre de 2011
Día 28
Y las huellas se borraron. Y los árboles se despojaron de sus débiles y tristes hojas. Y en los riachuelos cercanos se dibujaban caprichosas siluetas arrastrando pequeños objetos que encontraban a su paso. Y el sol desapareció bajo unas gigantescas nubes, tornando las calles de un lúgubre color ceniza. Ceniza...¿Gris marengo..? Y los transeúntes decoraban esas mismas calles de colores fúnebres como si todos fuesen a un entierro. ¿Casualidad...? Y los parques se quedaron vacíos. Y los columpios estaban llenos de hojas que había posado el viento. Y el viento parecía no detenerse incrementando su furia llevándose lo que acontecía... ¿Acontecía, aconteció, acontece aún..? Y el ruido habitual sonaba diferente, las voces se ahogaban, el rugido de los coches se amortiguaba y los chasquidos se estrangulaban. Y cerré mis ojos para respirar profundamente, para llenar mis pulmones, para limpiar mi alma. Quizás si inspiraba muy hondo al espirar expulsaría todo lo que sobraba. Y me vestí para la ocasión, de negro por supuesto, de luto. Y deseché mi sonrisa, pues no convenía para aquella cita. Y mis labios se cerraron herméticamente para no nombrar a nadie... Silencio...
domingo, 18 de septiembre de 2011
Día 27
Se acercaba la hora de las brujas, la luna estaba encapotada y ya hacía algo de fresco. Otra noche más a solas con sus pensamientos, otra noche más arropada sólo por las finas sabanas de su cama y la desolación de un cuarto vacío de cualquier otra presencia que no fuese ella. La brisa que entraba por la ventana envolvía las ligeras cortinas en ondulantes movimientos cada vez más fuertes, parecía que se acercaba una tormenta otoñal. Esas primeras tormentas le encantaban. La lluvia después de aquellos agobiantes días soleados era como poder volver a respirar. Por fin aparecía, esta vez pensaba que ya no aguantaba más ahogándose, pero todo llega, y la lluvia no iba a ser menos.
Mientras limpiaba su cutis antes de dormir observó su rostro durante unos segundos frente al espejo, "la edad no perdona" se dijo así misma y sin recrearse ni un segundo más se aclaró la cara evitando a aquel infame y cruel espejo mientras se secaba para que no le recordara lo que le acababa de mostrar. Se sentó al borde de su cama tratando de elegir cuál de los tres libros que tenía empezados le apetecía más, solía tener esa costumbre, no le gustaba tener que seguir con un tipo de lectura por el simple hecho de haberlo comenzado, su estado de ánimo es el que decidía que libro escoger. Barajó entre sus manos los tres libros pero aquella noche no se terminaba de convencer por ninguno de ellos. Ante la duda, optó por ir a por una copa de vino tinto, el sabor de su arrogante cuerpo la deleitaba antes de acostarse. Cuando regresó llevaba una enorme copa de cristal en la mano y un cigarro en la otra, un camisón muy corto de encaje negro con finos tirantes de raso que le ensalzaban sus hermosos y bronceados hombros. Ojeó de nuevo las portadas y los colocó de nuevo en la mesilla, prefería hundirse en sus propios pensamientos que involucrarse en historias ajenas a ella aquella noche. Se sentó estirando las piernas apoyándose en el cabecero de la cama e inevitablemente le vino la visión que acababa de ver en su espejo minutos antes. No era justo, ella se sentía igual que hace veinte años, sus mismas ilusiones, sus mismos sueños, sus mismos problemas, ¿Como podía pasar el tiempo tan rápido? ¿Qué había hecho con su vida? ¿Donde había estado aquellos veinte años? Le resultaba difícil de explicarse, no llegaba a entender como ella estaba allí pero su cuerpo estaba cambiando de forma vertiginosa. Intentaba analizar la situación, intentaba recordar cómo era ella hace veinte años, como sentía, como vivía, como lloraba, como reía. Realmente ya no era la misma, decididamente, por supuesto había evolucionado, pero en el fondo, en todo lo más importante seguía allí. Aquella jovencita, aquella niña, todavía estaba y se preguntó si dentró de otros veinte años le pasaría lo mismo encontrándose en una noche solitaria haciéndose las mismas preguntas...
domingo, 21 de agosto de 2011
Día 26
Suele decirse que de los errores se aprende. Suele decirse que para levantarse y superarse, antes hay que caer primero. Que solo es cuestión de tiempo para curar tus heridas. Pero casi nadie suele contar la transición emocional por la que debes pasar mientras tanto...seguramente porque muchos no quieren demostrar lo vulnerables que son, o la angustia que han vivido en algún momento de su vida. Quizás algunas personas no quieren dejar ver su realidad y solo muestran su cara más afable, quizás alguien les dijo que no se puede decir toda la verdad sobre uno mismo porque si haces eso, pueden aprovecharse de ti y hacerte daño.
Ella conocía ya aquella angustia y sabía que todo su dolor desaparecería una mañana y que después solo sería un vago recuerdo. Siempre eligió amar con intensidad y mostrarse sin tapujos aún a sabiendas del riesgo que aquello conllevaba. No había nada que esconder, ni que ocultar, ni juegos, ni estrategias de conquista, o la querían tal cual o se marchaba. Esa había sido su único error tantas veces, esperar que la amaran tal cual porque eso significaba entregarse casi al cien por cien.
Con un libro bajo el brazo y su pequeño bolso, se dispuso a pasear un rato ella sola, sin necesidad de nada más ni de nadie más, para encontrarse de nuevo a si misma, porque cada vez que amaba a alguien se perdía y debía de renaudar otra vez su búsqueda en su interior recuperando la mujer que era individualmente.
Las primeras nubes anunciando una suave tormenta le hicieron feliz, estaba cansada de los acusados días de sol, necesitaba esas primeras gotas de lluvia sobre su piel para limpiar el pasado, para cerrar otro capítulo más. Mientras andaba sin ningún camino trazado, encontró un banco bajo un árbol acadaulado de hojas verdes y se sentó, abrió su libro y comenzó a leer las primeras frases. La leve brisa otoñal dejaba caer algunas hojas a su alrededor, a veces las observaba, otras volvía a fijar sus ojos entre aquellas palabras impresas sobre el papel. Después de todo, pensó, es otra lección aprendida...
Las primeras nubes anunciando una suave tormenta le hicieron feliz, estaba cansada de los acusados días de sol, necesitaba esas primeras gotas de lluvia sobre su piel para limpiar el pasado, para cerrar otro capítulo más. Mientras andaba sin ningún camino trazado, encontró un banco bajo un árbol acadaulado de hojas verdes y se sentó, abrió su libro y comenzó a leer las primeras frases. La leve brisa otoñal dejaba caer algunas hojas a su alrededor, a veces las observaba, otras volvía a fijar sus ojos entre aquellas palabras impresas sobre el papel. Después de todo, pensó, es otra lección aprendida...
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