miércoles, 25 de julio de 2012

Día 33

La habitación se encontraba a oscuras, solo unos pequeños reflejos provenientes de la ventana le indicaban que era de día. No quería ver la luz. No quería claridad. Prefería la total penumbra, así se sentía en las mismas condiciones en las que se encontraba su mente. Totalmente a oscuras. No podía encontrar el camino hacia la luz, intentaba una y otra vez despejar sus pensamientos hacia el camino de los colores, de la vitalidad, de la esperanza pero volvía de nuevo sin evitarlo a su mundo de blanco y negro, a su tristeza, a su soledad.  Era consciente de que empezaba a ser algo enfermizo, ya no le importaba, quería tirar la toalla. La lucha constante y diaria por sobrevivir, por cambiar su destino era agotadora. Necesitaba descansar.  Ya, le importaba una mierda su vida. Solo quería poder cerrar sus ojos y no pensar, que ni un pequeño pensamiento se le pasara por su ajetreada cabeza llena de historias agonizantes, acertijos sin resolver y cientos de preguntas sin respuestas.
El humo de su cigarrillo iba directo hacia su nariz. Le molestaba. Pero no podía coseguir mover un solo músculo para mover su mano y apartar ligeramente el cenicero. Volvió a tener un pensamiento sin poder evitarlo. CANCER.  Puta enfermedad. A veces pensaba en lo que había debajo de su piel, en lo que era su cuerpo. Un puñado de venas, visceras, huesos, órganos y demás despojos. En cualquier momento y en cualquiera de ellos podía aparecer o ya estaba, latente, esperando un fatídico día para mostrarse y sortear su suerte para vivir o morir. Tenía aún demasiadas cosas por terminar, demasiado por hacer, demasiado por aprender. El tiempo corría y no le estaba dando ninguna tregua...
Las cortinas se levantaron levemente para dejar entrar en la habitación un poco de aire limpio que poder respirar. Inhaló instintivamente aquel pellizco de brisa y cerró los ojos intentando pensar en la nada, en el vacio absoluto. Sus lágrimas ligeramente saladas recorrían sus mejillas hasta llegar al abismo de su barbilla donde caían empapando sus torneadas piernas. Sentada en el borde de su cama desecha, llena de fotografías del pasado todas escampadas, intentaba encontrar el sentido a su vida actual.  ¿En qué momento se desvió de su camino? quería encontrar la respuesta, pero ¿De qué le serviría? era imposible hacer marcha atrás. Pero estaba convencida de que si encontraba la respuesta, tendría la solución para poder despedirse del pasado y aunque le doliese decir adiós para volver a ver los colores en su vida de nuevo.

¿Por qué? si estoy tan sólo ahora, se vuelve más difícil decir adiós...




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