Los días pasaban tranquilos y serenos. Sentía una paz interior anhelada desde hacía mucho tiempo, estaba feliz. Por fín conseguía verse así misma, sin escondrijos, sin sobresaltos, sin altibajos. Sin embargo, al cabo de unas semanas esa paz dió paso a un sentimiento que anteriormente había hecho huella en su desastroso corazón. Contrariamente a lo esperado al principio de notar aquella presencia, su recuerdo era tierno, dulce e indoloro. ¿Sería esta vez distinto? Deseaba con todas sus fuerzas que asi fuera. Curiosamente nunca había vivido esa clase de amor de aguas tranquilas y serenas. Hasta entonces, sus sentimientos siempre habían atravesado por peligrosos torbellinos de pasiones que la llevaban constantemente a la deriva. ¿Estaría madurando emocionalmente? ¿O simplemente era la persona adecuada para complementar su descabellado y alocado corazón? Todo aquel remanso de paz le hizo comprender tantas cosas sobre ella misma que hasta entonces no entendía... ¿Debía de estar al borde del abismo siempre para amar? El aprendizaje era tan intenso como todas las emociones que estaba viviendo. Todo estaba permitido mientras se sintiese bien, todo estaba incluido mientras fuese feliz, todo estaba demostrado mientras ella lo quisiera. Solo hacía falta que él lo supiera. Necesitaba contarle lo perdida que había estado todo este tiempo intentando vivir algo que realmente no le hacía feliz, quizás por eso no funcionó en su momento, ese sobre esfuerzo desbordandose totalmente de sí misma, esa manera de querer engullir la vida a grandes bocanadas en vez de sorber los matices sin prisa.
La distancia, el tiempo y la calma comenzaron a retomar toda la fuerza y determinación para saber lo que quería, e indiscutiblemente sabía como y con quién quería seguir su camino. Un camino malogrado por obstáculos puestos hasta entonces incluso por ella misma. Era consciente de que no sólo ella era la culpable de aquellos pésimos resultados en todas sus relaciones, tenía claro que no sólo dependía de su decisión y de aquel repentino esclarecimiento pasional. Pero sin saber por qué, confiaba, confiaba en él y en que cuando estuviese al corriente de todo, volvería junto a ella.
Había vuelto a casa, y en su casa estaba él...
"Ven conmigo... en la noche. Ven conmigo... y te escribiré una canción.."